miércoles, 22 de junio de 2011

Armada

Comienzan a contraerse los músculos faciales… dando paso a la relajación y desinhibición desasosegada. Demasiado tarde para el pudor a la desnudez…
Se dibuja a pincel, vivamente, una tonalidad de desenfadaos rojizos dilatados hasta hacer visible una delgada línea -desvergonzada por momentos- de blanquecinas manchas. Exquisito nácar.
Al compás, comisuras en los ojos envidiosas entran en ¡rebeldía!; contorneando arrugas, entrecerrando párpados.
Pupilas, incapaces ya de distinguirse entre la delgada abertura de párpados, se difuminan eclipsadas por la entonación de una sincera sin dubitativas. Cientos de miles de imperceptibles factores, todo un arsenal  de minuciosos detalles, colapsan concentrados en un diminuto expositor… una sonrisa.

viernes, 17 de junio de 2011

Rojo, vivo.


Destellos rojizos  
cubrían su terciopelo
mimetizando sus pelirrojos.
Rojo cólera
en su ocular blancura.
Bermellón entre sus dedos,
del violáceo su nariz helada,
de carmín desgarrado sus muslos,
escarlata en sus mejillas compungidas,
de garanza sus pestanas.
Carnosos magenta roido,
 por ávidas ratas sarnosas
de lo rojo del placer enrojecido.
En rojo su desnudo caminar,
 orgulloso su torso,
 sus pechos bravíos,
castigadas sus rodillas...
Encarnada por el rojo
del rojo de su hacer.


miércoles, 15 de junio de 2011



Se acostumbró a ver su traslucida figura antes de que el atardecer inundara el barbecho de aquellas tierras. Le encantaba contemplarle a través de los cristales vidriosos que conducían al jardín. Su vaporosa figura siempre se posaba en aquel lejano muro de bancal, allá donde el mundo terminaba.
Era uno como pocos, aunque francamente era el primero que veía. Este disponía de un traje desdibujado por el viento que creaba corrientes entre sus sinuosas formas, revolviendo hasta sus cabellos largos como fideos. Sus manos finas, se deformaban al roce de las amapolas.  De su boca entreabierta se despedía una luz centelleante que colapsaba con el atardecer. Delicado hasta sobrepasar su valeroso espíritu...
Imagina que, tal vez, fue un aventurero caballero, decidido y con tesón; y de testarudo corazón. Fuera lo que hubiera sido, no desvirtuaba lo embelesada de su atónita mirada. El más hermoso, sin duda, el más hermoso fantasma; y de su existencia sólo sabía ella.  




[El gran secreto de Ane, jamás contado]

domingo, 12 de junio de 2011



En verde, la vida pasaba,
se fumaba o esfumaba.
Ante sus verdes de verde,
en verde miraba.
Tanta hierba le anulaba,
le mataba.

miércoles, 8 de junio de 2011

...

Silencios...


Silencios entre vapores de silencio,
silencios que se escapan de la nuez a los labios
entrecortados por el aire en silencio.
Acalla la lengua,
reseca por el silencio.

Silencios entre las motas
contorneadas a flote,
se agolpan entre parpados de pestañas
y de entre el asilenciado de los estruendos
se intuye un silencio.
De puro silencio su rostro,
sus mejillas
ajadas de lo locuaz,
sus oídios
sordos en el silencio.

Silenciosamente
fue marchitando*,
en el silencio de sus silencios.




[Continúo con mí propuesta personal: escribir cada día (que no “bloggear”). Gracias por las críticas/comentarios a través de las diferentes vías.] 

*[Sé cuanto odias los silencios... te quiero]

lunes, 6 de junio de 2011

Nudos *


Tengo un nudo en la cera de mis oídos que me impide apreciar la sinfonía de inquietas abejas en días soleados. Un nudo de pelos entre los orificios de mi nariz por los que mi mucosidad juega a ser equilibrista. Un nudo entre mis piernas-siempre cruzadas- que impide vestirme de falda. Dos nudos en cada brazo amordazando los abrazos esperados. Nudos en flequillo despejado por la brisa inexistente. Una anudada campanilla al fondo de una boca reseca. Nudo en labios en cabestrillo, impidiendo rozar otros distintos a aquellos que solían transitar. Nudos en mis neuronas des-interconectadas que juegan a la ruleta rusa confiando sus vidas. Un gran nudo en el entrecejo de una mirada perdida, que afea en sobre-natura este rostro de puro nudo.
También dispongo de unos dedos anudados que se muerden las ganas de correr en los cristales de vehículos móviles. Nudos perdidos entre las venas horchatadas por la desidia de la monotonía que afloja y carcome. Anudadas pestañas que impiden entrever la grandiosidad del conjunto.
 Incluso, nudos intestinales que indigestan el buen sabor de boca que dejó un pasado, y hasta un olfato anudado -atrofiado ya- por la toxicidad envenenada de algunos.

Anudada a una enredadera mustia, deshidratada; moribunda por ser relegada al olvido del cuidado que precisa.





*  [Deshacer nudos es todo un arte, un talento sólo apto para verdaderos marineros de manos curtidas por las inundaciones de la vida. Con este pequeño gesto empiezo a desenredar/desanudar  algunos de esos, ajenos y propios. No vivamos entre nudos.]



[Ilustración: Ximo Abadia. Lo prometido es... ]





domingo, 5 de junio de 2011

Hillbilly.


Para cuando amanezca, ya me habré esfumado. Sólo quedaran de mí unos pasos a tientas entre los primeros rayos de Sol. Siempre me ahuyentó el gemido que este desprende con su luz. Prefiero disfrutar de la nocturnidad de las farolas y el aire fresco cebado por la soledad; también de los bares trasnochados, cristales en las suelas, puños quebrados, orgasmos empotrados y lavados esnifados.
El bulevar imantó mis pesados pies con lo efímero de su nocturnidad, y alevosía. Me hice esclavo de su condición; vivir para disfrutar de los murmullos, alientos corrompidos y mentes extasiadas.
De camino al Raval se escapa otra noche, mientras van regando las bombillas mi tupé laqueado.



[El Clan de los Búhos]

viernes, 3 de junio de 2011

Volvemos a encontrarnos...





-          ¿Qué?
-          Nada.
-         
-          ¿Qué?
-          Nada.
-          ¿Se puede saber qué demonios miras?
-          Nada. No miro nada… resulta bastante complicado ver a través de la nada.
-          Uhm…
-         
-          Eso significa que…
-          Sí, eso es…
-          Estoy…
-          Sí.
-         
-         
-          Pero… ¿me ves?
-          Tú a mi también, ¿no?
-         
-         



miércoles, 1 de junio de 2011

De trapo


Zumbidos y formas amorfas, circuncidadas en la imaginación de la oscuridad, empezaron a conformar una lista de lo amoroso; del estilo de:

Tienes una mirada penetrante. Linda. Qué rico cocinas. No sé bailar. Me pones cachondísimimo. Te…quiquie..r…o. ¿Te llamabas..?. Menudo culo. Me pasaría el día besándote. Qué bien te ves. Vaya, no sabía que supieras hacer ese tipo de cosas… Te invito a una copa. Me encantas. Creo que nunca dejé de pensar en ti. ¿Me llamarás?. Cuéntame un cuento.  ¿A qué hora sales de trabajar?. Cierra los ojos. No me sueltes. ¿El baño?. Espera… voy a por un preservativo. ¡Mierda!. Quédate a dormir. Tienes algo en el pelo… te lo quito.


Manera curiosa de intentar conciliar el sueño, como si de contar ovejas se tratara. Parecía una buena manera de agotar mi mente con la soñolienta pereza de las palabras amorosas que un día mis tímpanos alcanzaron a escuchar. En vano concilié la realidad con lo irreal de los sueños.
Si el sumatorio de ovejas me resultaba infructuoso, esta nueva técnica lo era más aún; con el añadido del imperdible de la razón que punzaba a veces el sentimentalismo.
La inquietud nocturna -intrínseca- de mi cerebro se veía ahora asaltada por mi “genialidad”. Perfecto. Si pretendía abstraerme con la jugosidad de palabras zalameras huecas, resultó convertirse en un laberinto de desencuentros de condicionales contingentes. Cuan más indagaba en aquellas palabras -meras palabras- mi mente más inquieta se mostraba; intentado en aquel desastroso almacén de lo amoroso indagar entre archivos de recuerdos garabateados con promesas parafraseadas, fotografías instantáneas y sabores olorosos cuanto menos curiosos.
Zalameros recuerdos, pensamientos… como Pirracas.

Este incentivo perturbó nuevamente mi insomnio. Desde hace días no veía a Pirracas. Andaría por los tejados, meloso tras el contonear de alguna gata. O eso quería pensar.
Dejar de pensar, era en lo que quería empezar a pensar.  

Uhm, dejar… Otro asunto debía zanjar; el de serrar el ancla que la nicotina había fondeado en mis pulmones. Resultaba asediada bajo la vigilancia de un enorme mono que manejaba mis impulsos con colecciones de mecheros y parchares de remiendos.

Tantos parches empezaban a hacer de mí una muñeca de trapo. Una muñeca de trapo con insomnio…

    [El Clan de los Búhos]