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jueves, 10 de mayo de 2012

Lo de siempre

[...]
−       De acuerdo. Entonces dejemos los sentimientos y vamos a los números, que  es tu  fuerte. En tu  empresa  trabajan  tres mil hombres respirando los gases de las minas y el humo de las fábricas. Según las estadísticas todos ellos mueren  cinco años antes de lo normal. Tres mil hombres a cinco años, son ciento cuarenta siglos de vida truncada. ¡Linda cifra, eh!
−       Tampoco de eso es mía la culpa. Yo no inventé el sistema.
−       Pero  vives de  él cómodamente. Y  todo  esto  sin  contar  a  los que tosen  en  plena juventud      gracias a ti; y a los que engendran hijos raquíticos, gracias a ti; y a los viejos prematuros, y a los mutilados...
−        ¡Tenemos los mejores hospitales del país!
−       Lo de siempre: primero fabricáis los enfermos y después los hospitales.
[...]



[A. Casona, aún, un contemporáneo]

viernes, 27 de enero de 2012

Mi yo sexual

 
Mi madre opinaba que este mundo sería mejor si en lugar de nuestro yo formal íbamos por la vida mostrando nuestro yo sexual. Hablaba de la invasión del yo sexual. La primera vez que me habló de esto fue cuando tenía dieciséis años, estábamos en Berlín por el estreno de Dafne. Era la segunda vez que representaba aquella ópera de Schütz en Europa. Aquella tarde, me dio a entender que había dos personas en mí: mi yo sexual y mi yo formal. Me quedé perplejo.

― Marco, quizá aún no conoces tu yo sexual, pero aparecerá pronto―me dijo mientras esperábamos en la entrada trasera del Teatro del Renacimiento a que llegara el resto de la compañía―. Brotará en  momentos puntuales de tu vida: cuando sientas deseo hacia alguien, o practiques sexo, o incluso, en los momentos más inverosímiles.
Tu yo sexual será una parte muy importante de tú vida, recuerda bien, porque cuando entres en un lugar donde nunca has estado se activará. Rastreará buscando lo que desea, se enamora, se encandila, se llena de pasión.

En ese momento, me sonrojé muchísimo cuando Hans – el único de la compañía que entendía algo de italiano – me guiño un ojo al oír lo que decía mi madre.

Siempre que conozcas gente acabarás preguntándote qué significarán esas personas en tu vida. Sólo entrar a un avión, sabrás al instante qué personas deseas, cuáles serían capaces de sentir algo por ti o hacia cuales podrías sentir tú amor y con quienes desearías tener sexo.
Es algo innato en las personas. Es necesario comprender que desear,  sentir, no es malo, pues forma parte de tu yo sexual. Tu yo formal hará dócil tu yo sexual a los ojos de la sociedad, lo hará presentable en el sistema de lo políticamente correcto.

― Querido, ¿cómo podremos conocer a la gente que nos rodea, si no conocemos sus deseos sexuales, sus gemidos, sus muestras de pasión extrema o su erotismo? ¿Cómo es posible que desconozcamos todo eso? Cuando de poder exteriorizarlo seríamos mucho más felices. Todo iría mejor si nuestro rostro mostrara la felicidad de la pasión ―me decía mientras cruzabamos la puerta―.

El ensayó comenzó con retraso. Después de aquella conversación, jamás volvió a mencionar aquello. Nunca fui capaz de aplicar nada de lo que me dijo.
Sé que no hablaba de orgías o de hacer lo que deseáramos en cualquier instante de la vida, lo comprendí perfectamente a pesar de mi edad. Pero me quedé callado, no dije nada. Con ella muchas conversaciones quedaban inconclusas. No le gustaba finalizar las conversaciones o las disputas. Decía que los puntos finales facilitaban la vida de la gente, los puntos a parte y los suspensivos incrementaban la inteligencia.



[Guiño a A. Espinosa y “todo lo que podríamos haber sido tú y yo…”]

martes, 15 de noviembre de 2011

Charles Bukowski

Esperando la muerte
Como un gato
Que va a saltar sobre
La cama

Me da tanta pena
Mi mujer

Ella verá este
Cuerpo
Blanco
Rígido
Lo zarandeará una vez y luego
Quizás
Otra:

¡Hank!

Hank no
Responderá.

No es mi muerte lo que
Me preocupa, es mi mujer
Que se quedará con este
Montón de
Nada.

Quiero que
Sepa
Sin embargo
Que todas las noches
Que he dormido a su lado

Incluso las discusiones
Más inútiles
Siempre fueron
Algo espléndido

Y esas difíciles
Palabras
Que siempre temí
Decir
Pueden decirse
Ahora:

Te amo
.

[Ando un tanto sumergida en él]

lunes, 26 de septiembre de 2011




-          Bueno pues, será mejor que me marche…
-          Pues si marcha usted, más mejor…
-          (Cambia de idea y se sienta al borde de uno de los brazos del sofá. Saca un cigarrillo del bolso) ¿Tiene usted una cerilla, querido?
-          Sí
-          Si hace el favor, querido.
-          No faltaba más (Distraído y azorado introduce la mano derecha en el bolsillo de la chaqueta sacando de está un pañuelo bordado un tanto arrugado, con el que se ayuda para quitarse la bota). Tome.
-          ¿Qué es esto, querido?
-          ¡Ah! Perdóneme. Esto es para encender la cerilla. Resulta bastante práctico ¿sabe? Por eso siempre llevo una bota. (Enciende la cerilla con la suela de la bota)
-          Vaya… gracias, querido.
-          (Contempla embelesado, como su diminuta nariz es capaz de expulsar tal humareda) Parece una chimenea, pero… ¡diantres, qué estilo de echarlo por la nariz!
-          (Sonríe complacida) Gracias querido.
-          ¡Qué tía! (Algo perturba la incomodidad de un silencio ahumado)
-         ¿Qué ha sido eso?
-          Nada
-          (Se repite el ruido de alboroto en la cocina) ¿Y ese ruido?
-          ¡Ah! ¿Ese ruido? Pensaba que se refería a la incomodidad del silencio… “Eso” es el gato.
-          Pensaba que vivía sólo (dando una calada plácidamente al cigarro)
-          Hombre, el gato no es que tenga mucha conversación.
-          Compañía hará la suya… Aunque mucho mejor vivir con un gato, un gato que no hablé, claro. No como yo que vivo con mi hermana, mi cuñado y mi sobrino. No se puede hacer usted idea lo que es tener que oír a gente a todas horas, y además, tener que hablarles. Un horror querido. Por eso, estoy tan interesada en formar parte de la compañía. Necesito alejarme. Y dadas mis grandes dotes interpretativas…
-          Y belleza, si me permite el atrevimiento (tartamudeando mientras se ata los cordones de la bota)
-          Eso… también. (Suena un timbre) ¿Lo ha oído esta vez?
-          Sí, la conversación no da lugar a silencio. Es el timbre.
-          (Sigue sonando) Pero… ¡vaya! ¡ande!
-          Será el pobre…
-          ¿El pobre?
-          Sí, un mendigo
-           ¿Y cómo se llama?
-          No tiene nombre, los pobres no tienen. (Se asoma al balcón, y habla con el pobre desde aquel segundo piso)
-          ¿Qué quiere? (le pregunta alzando la voz)
-          Quiere lo que yo le dé, pan. Pero no tengo pan. ¿Tiene usted?
-          Voy a ver… (mira su bolso) No, hoy no tengo pan.

sábado, 10 de septiembre de 2011

El poeta

¡No le toques ya más, que así es la rosa!- exclamo madre al ver a Juanín intentando zarandear el rosal para desprender así sus espinas. Eran tan bellas… embaucadoras, que no concebía para sí lo dolorosas y sanguinarias que resultaban entre sus manos.
La belleza de la simplicidad de la vida poetizó todo aquello que le rodeó. Bebía y fumaba a partes iguales. Alimentaba su mente y sentidos sin víveres. Respiraba los versos que desprendía. Los versos llegaron a pintar su hogar de acuarela, a nublar los soleados veranos, a refrescar el rocío de los campos, a tejer algodón en asnos… Sus versos y mi azada izaron rumbos diferentes. Mis cartas y sus poemas nos regalaban una hermandad distraída y alejada.

Una noche madre alerto que los suyos, sus versos, empezaban a torcer su hermosura. Tras una temporada alejado, deshice el camino andado en los últimos años. Llegué por fin a casa del poeta, pero allí ya no quedaba verso alguno para darme la bienvenida.



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¡No le toques ya más,

que así es la rosa!-

La simplicidad de este, el poema más breve de Juan Ramón Jiménez, engrandece al leerse con cautela.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Adivinanzas poetas.




Alto, alto, si me alejo
ancho, ancho, si me acerco,
paso a paso, yo te tengo,
con mis manos te manejo.
Despiertas tras mis siestas
y te nublas con la Luna.
Si me escondo,
te acurrucas en un todo;
si contoneo brioso,
tú secundas afanoso.
Y si sonrío…
tú lo haces sombrío,
Y si enmudezco…
tú amortiguas el eco,
y si converso…
tú rompes en silencio,
y si te estrecho…
tú te esfumas en mi lecho.


[Gracias Gloria, por mi infancia. Empecé hace ya un tiempo a escribir para niños.. demasiado tiempo rodeada de tantos]

jueves, 14 de julio de 2011

Valerie

    
        Valerie… em, qué puedo decir. Bueno, puede que extrañe tu sedoso pelo pelirrojo, tu blanquecina piel, tu sexo desenfrenado… y creo que eso es todo, a decir verdad. Desde luego no extraño tus entalladísimos vestidos floreados, nunca dejaban nada a la imaginación, ni tu manera altiva de mirar, y ni mucho menos tus aires endiosados. Además, siempre tuviste la lengua muy larga, la falda muy corta, el culo muy flaco y los pechos muy gordos.
Siempre decías que íbamos a medias pero nunca pagas las cuentas. Te gustaba creer que eras rebeldemente desenfada, yo creo más bien que eras una trastornada. Para más tu manía persecutoria, fobias, celos desmesurados y adicción a las drogas hacían que tu existencia estuviera signada por la fatalidad, los abusos, los extremos… como si fueras uno de los personajes de William Burroughs. Tu vida fue digna de un cut up, difícil de entender en una lectura rápida.
Lo único que realmente me dio por culo, fue que a los dos nos gustara dormir en el mismo lado de la cama. No lo soportaba. Por ello tomé la decisión: quiero el divorcio.
Te buscaste un buen abogado que desplumara mi cuenta de sexador de pollos, y así pagara todos los destrozos mobiliarios que ocasionaba cada vez que me enteraba de un nuevo tatuado amante.
Desde entonces, te deseé lejos. Prefería echarte de menos que de más. Tu antojada vida me consumía y afligía.

     Hoy me pesa. Estás más lejos de lo que hubiera imaginado. A decir verdad todos los presentes, lo estamos. Siempre pensamos que una sobredosis acabaría con tu bulimia y drogadicción; nunca imaginamos que una jirafa lo hiciera. Eras la reina de la ironía, decías; parece que ella reinó en ti. Nunca te gustaron los animales, ni las ciencias, ni la cultura, y bastó un cabezazo contra la cabeza de la jirafa disecada del Museo de Ciencias Naturales para acabar con todo esto.

A pasar de todo, creo que nunca te dejé de querer.


lunes, 14 de febrero de 2011

Sin hache.


“Lucha de gigantes. Quién dominaba a quién, sus latidos desacelerados por la oscuridad de unos ojos llenos de atardeceres o las manos de ella encadenadas a las de él.” Al leer aquella frase fragmento de un párrafo de un libro de una iniciativa al fomento de la lectura en el vagón de aquel tren, simplemente pensé en el sentido que el autor quería dar. Desde luego no hablaba de un amor pastel entre nubes de algodón… Preferí pensar que quedan mortales viscerales dónde los remilgos y la ternura quedan en el terciopelo de una rosa; y hablaba de lo trémulo y sórdido en cuestiones de piel bañada en sudor.




[Guiño a E.Jardiel Poncela y su Amor sin hache]




sábado, 5 de febrero de 2011





" Querida doctora Tatiana:

Soy una mantis religiosa y he descubierto que disfruto más del sexo si primero decapito a mi amante de un mordisco. Es que al hacerlo sufren los espasmos más excitantes. De algún modo parecen estar menos inhibidos, más apremiantes; es fabuloso. ¿Te lo parece a ti también?
                     
                                                     
                                        Me gustan decapitados en Lisboa. "









Volvemos  a encontrarnos Señorita Judson, esta vez no la pienso dejar escapar tan fácilmente. Muy recomendable la Introducción a la biología evolutiva del sexo de Olivia Judson.

                                                                                                                        [Leer&Bocetar]