jueves, 29 de marzo de 2012



Cinco son con los que cuenta,
de meñique a pulgar
y cinco más.
A mi mano,
que tanto da
y tan poco se le otorga.
A mi mano,
que escribe, boceta, reflexiona,
se inquieta y me contenta.
A mi diestra,
que sin ser siniestra
firma los cheques de mi pobreza,
lanza los besos del hasta luego.
A mi mano caprichosa,
que se traba con quien gusta…
estremece placentera.
A mi mano firme y dispuesta,
que agarra, agita, menea
y  altera el asta de mi bandera.
A mi mano aventurera,
sumergida en los confines

de una gruta cavernosa
con revoltosas mariposas.

A mi mano vacía,
de carne...
de aire.
A mi mano y a la tuya,
amantes…
amigas.


[Las pequeñeces de la vida son abismales. Y sí, trata lo que trata...]

martes, 14 de febrero de 2012

Matilde. Mateo. Matute

Matilde mataría por Mateo a Matute, en un momento de mentira amatoria, mintiendo al mentecato metomentodo en el momento. Mentalmente maniatada e imantada. “Mate por su amante”, mantenía la mitad de su mente matutina maniatada. En el Motel Montoya amantes amotinaban mentiras. Mentes mentirosas amontonaban mantas matutinas, mantequilla y mantecados.
Hasta el momento meditado, en que Matute metódicamente mató a Mateo el amante. Mateo que un día mató a Matilde, la de mantas matutinas, mantequilla y mantecados. Mintió Mateo al mentecato metomentodo de Matute, cuando mantuvo: “no maté a Matilde en el manantial del matadero en mitad del monte del Motel Montoya”. Mentiras de momentos amatorios matutinos, montadas en motores maniatados.

domingo, 12 de febrero de 2012

Capítulo tres




Al fin, o eso creo, desperté. Parecía imposible que el preámbulo de este espacio pasara de una vez a esa nota inicial, a esos primeros párrafos… Sin embargo, así soy yo, una persona de las que pierden la cabeza en esa 'fase de enamoramiento', donde la pasión erótica, el romanticismo y la intimidad inicial nublan a uno los sentidos. Se camina tan bien entre nubes de algodón… De ello, también florecen desconfianzas, inseguridades, discrepancias y desencuentros, haciendo temer que lo bucólico del momento encalle en un angosto páramo de monotonía, reiteración y temores.
De ahí, que a veces, sea necesario izar banderas y tomar otros rumbos en busca de otros vientos. Despejar las mucosas del viciado aire de la gran urbe, para volver renovado, decidido… Y con ello descubrir si esa fase pastoril, fue un simple idilio con las musas o realmente desearías que ellas perpetuaran sus caricias en tus pensamientos con almíbar y aguijones.
Fui cauta, me hice con las provisiones necesarias, y partí hacia el desconocimiento de descubrimientos. Toda una aventura. Los resultados de la expedición fueron asombrosos –aún estoy boquiabierta–. Conocí personajes fantásticos, aprendí aquello que nunca imaginé y desgañite mis oídos y mi voz.
Ahora, vuelvo con las manos vacías –regalé todo lo que llevaba en mi equipaje–, pero con la mente y los sentidos repletos de sueños y credos. Si crees, se crea.  
Sé que mi pasión por escribir no es un enamoramiento etéreo, está vivo, late, respira y pesa. Desde la niñez me llevan acompañando cuentos, historias, guiones, relatos, comedias… en mis pensamientos y cuádrenos. Lamentablemente, la fase de enamoramiento se estancó entre la neblina de años de formación, estudio y un principio de madurez juvenil. A pesar de ello, seguía respirando en mi sótano mental, prueba de ello fue el despertar de este entorno a modo de blog. Despertares –que fue como bauticé el inicio de esta andanza–  fue un resurgir de mi pasión.
Ahora en esa fase de amor y pasión, el erotismo queda relevado por una pasión romántica que continúa en aumento, al igual que la intimidad y el compromiso.
Hoy, de la mano, caminamos firmes, juntas, vislumbrado un futuro en el que creo aunque, aún, se bocete difuso. Sé que las pérdidas se transforman en ganancias y los cambios son oportunidades, y que soy fiel defensora de juntar la realidad más cercana con nuestros sueños más lejanos.
Así –despierto– comienza Capítulo tres, porque dos son multitud y tres son compañía.
Si me llevas contigo, prometo ser ligera.

viernes, 27 de enero de 2012

Mi yo sexual

 
Mi madre opinaba que este mundo sería mejor si en lugar de nuestro yo formal íbamos por la vida mostrando nuestro yo sexual. Hablaba de la invasión del yo sexual. La primera vez que me habló de esto fue cuando tenía dieciséis años, estábamos en Berlín por el estreno de Dafne. Era la segunda vez que representaba aquella ópera de Schütz en Europa. Aquella tarde, me dio a entender que había dos personas en mí: mi yo sexual y mi yo formal. Me quedé perplejo.

― Marco, quizá aún no conoces tu yo sexual, pero aparecerá pronto―me dijo mientras esperábamos en la entrada trasera del Teatro del Renacimiento a que llegara el resto de la compañía―. Brotará en  momentos puntuales de tu vida: cuando sientas deseo hacia alguien, o practiques sexo, o incluso, en los momentos más inverosímiles.
Tu yo sexual será una parte muy importante de tú vida, recuerda bien, porque cuando entres en un lugar donde nunca has estado se activará. Rastreará buscando lo que desea, se enamora, se encandila, se llena de pasión.

En ese momento, me sonrojé muchísimo cuando Hans – el único de la compañía que entendía algo de italiano – me guiño un ojo al oír lo que decía mi madre.

Siempre que conozcas gente acabarás preguntándote qué significarán esas personas en tu vida. Sólo entrar a un avión, sabrás al instante qué personas deseas, cuáles serían capaces de sentir algo por ti o hacia cuales podrías sentir tú amor y con quienes desearías tener sexo.
Es algo innato en las personas. Es necesario comprender que desear,  sentir, no es malo, pues forma parte de tu yo sexual. Tu yo formal hará dócil tu yo sexual a los ojos de la sociedad, lo hará presentable en el sistema de lo políticamente correcto.

― Querido, ¿cómo podremos conocer a la gente que nos rodea, si no conocemos sus deseos sexuales, sus gemidos, sus muestras de pasión extrema o su erotismo? ¿Cómo es posible que desconozcamos todo eso? Cuando de poder exteriorizarlo seríamos mucho más felices. Todo iría mejor si nuestro rostro mostrara la felicidad de la pasión ―me decía mientras cruzabamos la puerta―.

El ensayó comenzó con retraso. Después de aquella conversación, jamás volvió a mencionar aquello. Nunca fui capaz de aplicar nada de lo que me dijo.
Sé que no hablaba de orgías o de hacer lo que deseáramos en cualquier instante de la vida, lo comprendí perfectamente a pesar de mi edad. Pero me quedé callado, no dije nada. Con ella muchas conversaciones quedaban inconclusas. No le gustaba finalizar las conversaciones o las disputas. Decía que los puntos finales facilitaban la vida de la gente, los puntos a parte y los suspensivos incrementaban la inteligencia.



[Guiño a A. Espinosa y “todo lo que podríamos haber sido tú y yo…”]

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Perdidos

La gente se pierde y sobrevive, pasa constantemente. Yo me perdí cuando tenía once años, pasé nueve días  en el Mont Tendre comiendo bayas y limpiándome el culo con hojas de hayas.
Mi familia no se enfadó, ni se asustó siquiera, no se percataron de mi ausencia.  Mi madre estaba en un congreso en Basilea, mi padre probablemente habría aprovechado su ausencia para encontrarse con Verena, su amante. Y Hans se estaría colocando en alguna ciudad de Europa con su banda de rock, mientras decían estar abriéndose mercado más allá de Suiza. Ni se habían enterado.
Conseguí volver a casa solo. No me pasó nada, salvo una descomposición de aúpa por indigestión de bayas y un ligero escozor de ano. Cómo picaba.
La diferencia esta vez… es que Alice tiene, al menos, alguien que la busque… yo. Allá voy Himalaya.



jueves, 17 de noviembre de 2011

Vida ajena



Hoy  29 de Octubre de 2011, me han despedido junto a 1.102 empleados en plantilla. Puedo decir que ya soy parte de los 2.780.000 de desempleados de mi país. Nadie es imprescindible.
Ya no sonará el despertador a las 5:55 cada mañana, ni me llevará 39 minutos y 35 segundos el arreglarme suficientemente para pasar 11 horas y 39 minutos fuera de casa. No tendré que apurar las aceras encharcadas, ni las escaleras humeantes de la línea 1 de metro que pasa a las 6:48 hacia La Défense. No tendré que soportar la amalgama de olores mañaneros durante 28 minutos bajo tierra. No compraré por 1,80 euros el periódico en el kiosco situado a  42 pasos de distancia de la puerta del edificio donde trabajaba. No me alejaré 50 pasos más para pedir un café au lait y tostadas por 2,50 euros. No volveré a cruzar el despacho vacío de mi jefe a las 7:41, ni teclearé mi password: 001001001.
La meticulosa vida que he desarrollado durante los últimos siete años, ocho meses y tres días me ha llevado a centrarla únicamente en el logro de éxitos profesionales con un fin despersonalizado, y hoy se ha truncado. He estado cerca de lograr mi meta profesional a sólo tres meses y cinco días de alcanzar los 34 años, y en tan sólo cinco horas y un ansiolítico de 0,250mg he asumido la derrota de mi fracaso personal. He tirado por la borda 2802 días de mi vida centrándome en un sólo objetivo. Mi numérica vida suma uno, independientemente de los dígitos que contengan mi cuenta bancaria o los segundos que recorte cada día en el almuerzo para sumarlos a mi esfuerzo frente a una maquina. El abismo del uno me corroe. Siempre he sentido de menos y he pensado de más, he sido uno de los primeros en despertarse y último en acostarse. He coleccionado contactos nunca amigos, he tratado de querer sin saber amar ni amarme. En definitiva, el reflejo de mi egolátrica proyección ha eclipsado mi yo.

No era mi día, ni mi semana, ni mi mes, ni mi año, ni desde luego mi vida.

martes, 15 de noviembre de 2011

Charles Bukowski

Esperando la muerte
Como un gato
Que va a saltar sobre
La cama

Me da tanta pena
Mi mujer

Ella verá este
Cuerpo
Blanco
Rígido
Lo zarandeará una vez y luego
Quizás
Otra:

¡Hank!

Hank no
Responderá.

No es mi muerte lo que
Me preocupa, es mi mujer
Que se quedará con este
Montón de
Nada.

Quiero que
Sepa
Sin embargo
Que todas las noches
Que he dormido a su lado

Incluso las discusiones
Más inútiles
Siempre fueron
Algo espléndido

Y esas difíciles
Palabras
Que siempre temí
Decir
Pueden decirse
Ahora:

Te amo
.

[Ando un tanto sumergida en él]

lunes, 7 de noviembre de 2011

Gotas de lluvia

Como dos gotas siamesas que al precipitar quedaron cercenadas por vientos del sureste, fuimos, seremos. Una cayó en picado, otra se entretuvo en un desliz entre plumas de Oca despistada de su bandada, una abasteció poblaciones de secano, otra regó campos en barbecho. Esenciales y  finitas… fuimos, a partes,  iguales y distintas. Gotas que a destiempo salpicaron altos abuhardillados y felinos inquilinos, bañaron callejeos otoñales, colmaron tazas de té, enjabonaron desnudos en bañeras, rociaron amaneceres primaverales, calmaron la sofocante canícula; pero sin saber, fueron deslizándose entre sábanas tendidas en cuerdas desflecadas por un adiós a tiempo y certero. Evaporamos con el fin del verano, con el inicio de un nuevo devenir borrascoso.  
Volvimos a nacer de un nimbo, esta vez a tiempo, pero distanciadas por las cordilleras del norte. Volvimos a precipitarnos sobre cabelleras desnudas e impermeabilidad plastificada, confiadas, valientes, erguidas… sonrientes.  





[No estreno Musa, lleva un tiempo sonriéndome con sus guiños, pero hoy te sonrío yo. Gracias, aunque tú no lo sepas]

viernes, 4 de noviembre de 2011

Amigos *


-Hola..
-Buenos días… (sonrío)
Sí a ti. Sí, sí… No mires para otro lado, no gires la mirada como si esto no fuera contigo, como si fuéramos dos desconocidos. Creo que ya hay suficiente confianza ¿no? Después de estos dos años podríamos incluso considerarnos amigos, ¿no crees? ¿no? Pues yo así lo creo. Llamé osada.
La verdad es que he llegado a conocerte muy bien, demasiado bien diría yo. Sé que cada mañana desayunas una manzana de camino al trabajo y prefieres el cola-cao al café. No sueles cocinar en casa, eres más de comer fuera, aunque no se te da mal eso de cocinar…  Haces unas berenjenas al horno de lujo, tanto, que han servido en más de una ocasión como arrojadiza arma de seducción en citas en tu casa. Seguro que tras cenar berenjena espolvoreas canela en tus postres, buen conocedor de afrodisiacos tú.

Trabajas como ingeniero en una empresa de telecomunicaciones, empezaste haciendo prácticas, te vieron tan capaz y locuaz que no dudaron en contratarte; y allí llevas casi ya dos años, feliz. Eso sí, el frenético ritmo laboral no te desquita de tu entrenamiento diario de cincuenta y cinco minutos de carreras alternadas con musculación los días impares, los pares los dejas para relajarte nadando una horita. No te gustan los bañadores largos, odias como te deja el pelo el gorro de piscina y no te desagrada del todo el olor que te deja el cloro en las manos.
Eres un ser peculiar en cuanto a olores se refiere, de pequeño pensabas que tu extraordinario sobre-desarrollado olfato podría derivar en un sentido arácnido que te colgaría por las alturas madrileñas. Te chifla mirar desde los bajos las alturas, a veces te quedas minutos mirándolas con la boca abierta como un chiquillo mirando luces navideñas.

La Navidad… la soportas a medias. Las aglomeraciones no tanto y qué decir de la hipocresía navideña que florece, aún así, te hace sentir arropado por las capas múltiples de jerseys y camisetas que portas y por las múltiples bufandas, guantes y gorros que cada año te regalan tus cinco tías. No eres de hacerte propósitos de año nuevo.

Te encanta hacer regalos, más bien tener detalles a destiempo como los llamas tú. Sueles sorprender a quienes te rodean con algún detalle inesperado. Es lo que nos encanta a las mujeres, ¿sabes? Si alguna de mis parejas hubiera alguna vez tenido algún detalle a destiempo… no tendría la colección entera de getas y cafres de pelo en pecho.
A pesar de eso, eres un hombre como todos… que al ver por primera vez una mujer no ve más allá de un escote o un trasero. Aunque eres un tipo discreto y no dejas reguero alguno de baba. Se agradece, no sería la primera vez que me escalabro con la ensalivada testosterona de algún amigo. Me pregunto si alguna vez te habrás fijado en mí como lo haces cada vez que cruza la puerta una nórdica de metro ochenta. Sé que alguna vez me has mirado, más de una vez hemos compartido alguna mirada furtiva o sonrisa en alguna situación graciosa. Incluso hemos compartido indignaciones o empujones, ¿recuerdas los del último verano con la llegada del “tsunami papal”?

No tienes hermanos, tienes hermanastros que con el tiempo se ha convertido en algo más parecido a amigos que a hermanos. Esperas un “sobrinastro”, no sabe ni andar y ya tiene triciclo propio, entrenador personal de natación y iPad. Serás un buen “tiastro”.
Te gustan los niños, como entretenimiento no como obligación. De no haber terminado la ingeniería te habrías pasado a hacer magisterio. Sin embargo, Lucy, tu novia de facultad, te dio el empujón que necesitabas. En tus primeros meses de prácticas y en su segundo año de doctorado ella se marcho a Escocia a hacer una estancia y tú decidiste que la cama de su compañera de piso resultaba más cálida que su ausencia.

No eres amigo de hablar por teléfono pero tu madre te llama desde Gijón cada lunes para ver qué tal comes, llamas a tu padre cinco veces al mes a primera hora de la mañana para saber de él, Susi llama casi cada semana para chismorrear y hablar de crisis varias,  Rafa te llama cada jueves, con puntualidad inglesa, a las seis y veinte; habláis de la semana, de los planes para el fin de semana y acabáis quedando en Whellams para compartir un par de cervezas, o tres, o cuatro…

Eres amante de la música, conoces casi cada guitarrista, bajo, violonchelista, cantautor,  saxofonista, tenor, trompetista, soprano, banda, director de orquesta, percusionista, solista… de medio planeta. Coleccionas instrumentos. De niño tocabas el violín y el piano. Ahora sólo quedan algunas notas nubladas en tu memoria que en ocasiones despiertan del letargo.

Como has podido apreciar… escribo. No soy una gran escritora no ostento a tal galardón, de momento trabajo como periodista deportiva para un diario digital, de ahí que siempre lleve en la mano algún periódico de tal calibre. Qué ironía ¿eh?, si ni siquiera me gusta andar. Quizá, algún día puedas llegar a leer mi propia columna en algún periódico nacional y ,quizá, sea ese día cuando sepas mi nombre. Tú tienes pinta de Toni o Martín. A parte de escribir, interpreto. Esto ya lo sabes pues en más de una ocasión te he pillado entrometido en alguno de los guiones teatrales que memorizo durante el trayecto. He trabajado en alguna obra conocida, con papeles secundarios siempre. Ese es mi gran sino, siempre he sido secundaria para todo. La segunda hija de cuatro hermanos, la segunda de mi promoción de Secundaria, la segunda en el campeonato manchego de ajedrez, hasta vivo en un segundo.

Próxima parada: Goya. Correspondencia con: línea 2

Oh… vaya, esta es mi parada. A ti todavía te quedan cuatro. Bueno pues… hasta la tarde a eso de las seis y diez, si ninguno de los dos se entretiene. Quizá tras el habitual saludo tenga el valor para decirte algo más. Pasa buen día amigo de rutina.






[No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, más que una realidad un hecho. Cómo añoro escribir en los vagones.]



*Forma parte de la serie de relatos: “Correspondencia con”